| Programa original de la Sinfonía Fantástica en el que se relata la historia de la obra. |
En el año 1830 el compositor francés Hector Berlioz compone su obra más conocida, la Sinfonía Fantástica. Esta composición además de suponer una enorme innovación en cuanto a la instrumentalización utilizada en la orquesta también lo fue en cuanto a llevar la música programática más allá de lo que se había llevado hasta entonces. La música programática es aquella que busca transmitir algo concreto, un sentimiento, una historia, etc. Toda música con letra se considera música programática, y en cuanto a las obras instrumentales se considerarían programáticas aquellas que cuenten con un título descriptivo (por ejemplo "Las Cuatro Estaciones" de Vivaldi). Sin embargo en la Sinfonía Fantástica nos encontramos con toda una historia totalmente elaborada acompañando a la música.
En las representaciones en directo se repartían una serie de panfletos entre los asistentes en los que se detallaba esta historia, consistente en los pesadillas, visiones y alucinaciones que vivirá un joven tras haber consumido una gran cantidad de drogas al sentirse no correspondido por una chica por la que siente una enfermiza obsesión. A lo largo de la obra aparecerá constantemente una melodía, una idée fixe como la llama el propio Berlioz, que trata de representar a la chica y la obsesión que el protagonista siente por ella.
Hoy en día una gran parte de la música que se crea es programática debido a que la música vocal con letra es quizás la más común. Sin embargo en estos momentos en que este tipo de música es el más común en la mayoría de los casos no se aprovecha esta característica de una manera semejante a la que lo hizo Hector Berlioz en 1830 exceptuando quizás algunos álbumes conceptuales, y seguramente el caso que me resulta más comparable con la Sinfonía Fantástica sea el disco The Downward Spiral de Nine Inch Nails.
En este disco de 1994 se cuenta a lo largo de sus 14 canciones una historia de autodestrucción. El proceso que vive una persona que cae en una "espiral de decadencia", su caída hacia los lugares más profundos y oscuros de si mismo, la pérdida de todas sus creencias, el odio hacia la sociedad controlada por el poder, todo un proceso descendente de el que no es capaz de escapar y que lo termina por conducir a la locura y finalmente a la muerte. Como podemos comprobar si prestamos atención a las letras mientras escuchamos este disco, cada canción es una etapa más de este proceso, un paso más hacia adelante en el abismo. Al igual que en la Sinfonía Fantástica, en este disco nos encontramos con un viaje por la locura y las profundidades de el ser humano, quizás de una manera mucho más cruda en la obra de Nine Inch Nails, algo muy comprensible teniendo en cuenta los distintos tiempos en los que se compusieron ambas obras.
Sin embargo, las semejanzas entre estas dos composiciones no terminan aquí, ya que The Downward Spiral cuenta con su propia idée fixe, tanto en forma musical como lírica. Varias veces a lo largo del disco escucharemos a Trent Reznor cantar la frase "Nothing can stop me now", un reflejo de como la espiral le absorbe, le impide escapar y en cierto modo él tampoco quiere hacerlo. Así mismo, también escucharemos repetidas veces una línea melódica descendente que entre otras canciones aparece en la que da título al disco, entendiéndose tanto por esto como por el hecho de que la melodía consista en una sucesión de notas descendentes que esta es la representación musical de la propia espiral que arrastra a el protagonista a sus profundidades.