"Lo que caracteriza a la moda es el cambio continuo. Las revistas de moda no solo dicen lo que hay que llevar si no también lo que no. La moda busca favorecer el cambio arbitrario, no se nos dice el por qué de evitar un color o ciertas texturas. Si comparamos la cultura contemporánea con la moda nos encontraremos con que ambas comparten esta idea del cambio arbitrario. La moda es síntoma de sometimiento arbitrario, llevamos lo que nos dicen que llevemos, asumimos la autoridad arbitraria. La moda es lo contrario de lo que parece, no dice lo que la gente lleva, le dice a la gente lo que llevar. Más que satisfacer a alguien con una prenda que dure mucho se busca incentivar el continuo cambio y por consiguiente el continuo consumo (es mejor ver cualquier película de estreno en la cartelera que cine clásico). Se consideraba a la cultura como aquello con valor y que debía ser transmitido, paro la gente que está más habituada al mundo de la moda, consciente o inconscientemente, entiende que la cultura es lo novedoso y lo reciente. No todo lo valioso es antiguo, pero a la vez no todo lo reciente tiene valor. La moda no debería ser un buen paradigma para hablar de cultura, sin embargo en la actualidad es uno de los más empleados. "
lunes, 11 de mayo de 2015
Moda y cultura en la industria cultural.
domingo, 8 de febrero de 2015
'Magical Girl' o cuando el artificio sustituye a la historia.
Mucho se ha hablado durante el 2014 de Magical Girl, la película de Carlos Vermut, ganadora de la Concha de Oro del festival de cine de San Sebastián, nominada a siete premios Goya, y bastante aclamada por la crítica y el público. Sin embargo hay opiniones bastante opuestas a la casi generalizada adulación hacia este film, y la mía es una de ellas. Expondré a continuación las impresiones que me causó esta película, y aviso, aparecerá más de un spoiler.
Al principio del largometraje se nos presentan a los personajes de Luís y Alicia, un padre, en el paro, y su hija, que padece una enfermedad terminal. Conocemos que Alicia desea enormemente un determinado disfraz de una serie de dibujos animados, y veremos como su padre intentará a toda costa cumplir este último deseo de su hija. Hasta este punto la película sigue una lógica clara, la historia está bien definida, al igual que los personajes (aunque las actuaciones de ambos no ayudan mucho a ello), y la acción se mueve inteligentemente entre los géneros del drama y la comedia. Es en este momento en el que aparece el personaje de Bárbara y el film empieza a perder el rumbo. La historia que hasta ahora nos guiaba se diluye casi por completo, que a poco más nos olvidamos para que quiere Luís el dinero que exige a Bárbara mediante chantajes. La narración desaparece pero la acción continúa, la parte media del largometraje no nos aporta nueva información, se limita a demostrarnos la forma en la que consigue Bárbara el dinero que le pide Luís. No nos engañemos, el cómo no es algo importante para la historia, y sin embargo aquí pasa a ser tratado como lo principal. Se nos presentará ante nosotros un universo oscuro relacionado con la pornografía sadomasoquista que poco busca aportar, es utilizado como un truco efectista que busca dramatizar al espectador con ningún fin claro. Por supuesto que ver un cuerpo lleno de cicatrices, o ver como una mujer se tiene que someter a una tortura para conseguir algo de dinero es algo que impresiona, pero ¿son estas cuestiones incluidas en la película con la finalidad de contar mejor la historia o como un simple artificio para conseguir llamar la atención del espectador ya que el guión por si solo no es capaz de hacerlo? Personalmente no me cabe duda de que, en esta ocasión se trata de la segunda opción.
A estas alturas de película ya casi nos hemos olvidado de Luís, y sobre todo de Alicia, sin embargo un nuevo personaje aparecerá por arte de magia para intentar reconducir esta historia ya exageradamente difuminada. Damián, un antiguo profesor de Bárbara, respecto al cual se hacen ciertas referencias a su pasado y al tipo de relación que mantiene con Bárbara, la cual resulta de todo menos clara, tanto para el espectador como a mi juicio para el propio Vermut a la hora de escribir el guión. Bien, nos acercamos al final de la película, ya es hora de resolver la historia, es en este punto en el que queda claro que lo que prima en esta película es el efectismo, la dramatización vacía, la búsqueda de impresionar al espectador, y el menosprecio hacia la narración y desde mi punto de vista a la inteligencia de los espectadores. ¿De que trataba esta película? Ah si, Luís estaba chantajeando a Bárbara para conseguir algo de dinero para cumplir el último deseo de su hija. ¿Como resolvemos esta historia? Con Damián pegándole un tiro en la cabeza a Luís y a toda la gente que se encontraba en el bar en el que tiene lugar esta escena, y por último a la joven Alicia.
Termina el film, han pasado más de dos horas y seguimos sin saber quién demonios es Damián (un personaje tremendamente vacío que al menos cuenta con la mejor actuación de la película por parte de José Sacristán), por qué se mancha las manos con la sangre de una niña por Bárbara. ¿Y por qué no somos capaces de comprenderlo? porque aquí no se buscaba contar bien una buena historia. Se buscaba impresionar al espectador, y es demasiado sencillo hacerlo enseñándonos mundos como el de la pornografía dura, o el asesinato de una niña de 12 años. Una película no es mejor por tratar estas determinadas cuestiones o porque la serie de dibujos animados de la que quería el disfraz Alicia se tratara de un anime. Es fácil impresionar mediante artificios, mucho más difícil es impresionar contando bien una gran historia, sin embargo mucha gente lo consigue, no es el caso de Carlos Vermut.
lunes, 14 de julio de 2014
The Downward Spiral: La nueva música programática.
| Programa original de la Sinfonía Fantástica en el que se relata la historia de la obra. |
En el año 1830 el compositor francés Hector Berlioz compone su obra más conocida, la Sinfonía Fantástica. Esta composición además de suponer una enorme innovación en cuanto a la instrumentalización utilizada en la orquesta también lo fue en cuanto a llevar la música programática más allá de lo que se había llevado hasta entonces. La música programática es aquella que busca transmitir algo concreto, un sentimiento, una historia, etc. Toda música con letra se considera música programática, y en cuanto a las obras instrumentales se considerarían programáticas aquellas que cuenten con un título descriptivo (por ejemplo "Las Cuatro Estaciones" de Vivaldi). Sin embargo en la Sinfonía Fantástica nos encontramos con toda una historia totalmente elaborada acompañando a la música.
En las representaciones en directo se repartían una serie de panfletos entre los asistentes en los que se detallaba esta historia, consistente en los pesadillas, visiones y alucinaciones que vivirá un joven tras haber consumido una gran cantidad de drogas al sentirse no correspondido por una chica por la que siente una enfermiza obsesión. A lo largo de la obra aparecerá constantemente una melodía, una idée fixe como la llama el propio Berlioz, que trata de representar a la chica y la obsesión que el protagonista siente por ella.
Hoy en día una gran parte de la música que se crea es programática debido a que la música vocal con letra es quizás la más común. Sin embargo en estos momentos en que este tipo de música es el más común en la mayoría de los casos no se aprovecha esta característica de una manera semejante a la que lo hizo Hector Berlioz en 1830 exceptuando quizás algunos álbumes conceptuales, y seguramente el caso que me resulta más comparable con la Sinfonía Fantástica sea el disco The Downward Spiral de Nine Inch Nails.
En este disco de 1994 se cuenta a lo largo de sus 14 canciones una historia de autodestrucción. El proceso que vive una persona que cae en una "espiral de decadencia", su caída hacia los lugares más profundos y oscuros de si mismo, la pérdida de todas sus creencias, el odio hacia la sociedad controlada por el poder, todo un proceso descendente de el que no es capaz de escapar y que lo termina por conducir a la locura y finalmente a la muerte. Como podemos comprobar si prestamos atención a las letras mientras escuchamos este disco, cada canción es una etapa más de este proceso, un paso más hacia adelante en el abismo. Al igual que en la Sinfonía Fantástica, en este disco nos encontramos con un viaje por la locura y las profundidades de el ser humano, quizás de una manera mucho más cruda en la obra de Nine Inch Nails, algo muy comprensible teniendo en cuenta los distintos tiempos en los que se compusieron ambas obras.
Sin embargo, las semejanzas entre estas dos composiciones no terminan aquí, ya que The Downward Spiral cuenta con su propia idée fixe, tanto en forma musical como lírica. Varias veces a lo largo del disco escucharemos a Trent Reznor cantar la frase "Nothing can stop me now", un reflejo de como la espiral le absorbe, le impide escapar y en cierto modo él tampoco quiere hacerlo. Así mismo, también escucharemos repetidas veces una línea melódica descendente que entre otras canciones aparece en la que da título al disco, entendiéndose tanto por esto como por el hecho de que la melodía consista en una sucesión de notas descendentes que esta es la representación musical de la propia espiral que arrastra a el protagonista a sus profundidades.
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